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Día Mundial de Lucha contra la Hepatitis: mueren 1,4 millones de personas anualmente

28.07.2017 10:53 |  interes_general

 28 de julio se conmemora el Día Mundial de la Lucha contra la Hepatitis. Con el objetivo de acrecentar la sensibilización y la comprensión de la hepatitis viral y las enfermedades que provoca, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y sus asociados establecieron esta fecha hace algunos años.


 Las hepatitis virales son un grupo de enfermedades infecciosas que afectan a millones de personas en todo el mundo. Existen cinco tipos -A, B, C, D y E- y pueden provocar tanto hepatopatías agudas como crónicas. Según cifras de la OMS, causa la muerte de cerca de 1,4 millones de personas cada año.

En Argentina, las vacunas contra los subtipos A y B se han incorporado recientemente al Calendario Nacional de Vacunación. La vacuna contra el tipo A fue incorporada en 2005, mientras que la incorporación de la vacuna contra el tipo B se hizo algunos once años después, en 2014.

La hepatitis A es una virosis hepática que puede causar morbilidad moderada a grave y se transmite por la ingestión de alimentos o bebidas contaminados o por contacto directo con una persona que está infectada con el virus. La mayoría de las personas que la padecen se recuperan y, además, adquieren inmunidad de por vida. Sin embargo, existe una porción pequeña de los pacientes con hepatitis que pueden morir de hepatitis fulminante.

Los síntomas de este tipo de hepatitis son fiebre, malestar, pérdida de apetito, diarrea, náuseas, molestias abdominales, coloración oscura de la orina y amarillenta de la piel y los ojos. No obstante, estos síntomas no se presentan en todos los casos y tienen carácter moderado a grave, según cada paciente. La gravedad de la enfermedad aumenta con la edad, del mismo modo que la expresión de los síntomas.

La OMS estima que 257 millones de personas en el mundo sufren hepatitis B, mientras que la cifra de muertes a causa de esta enfermedad ronda los 887.000 pacientes. La mayoría de las defunciones sucede por las complicaciones de la hepatitis, como la cirrosis o el cáncer hepático. El contagio se da a través del contacto de la sangre u otros fluidos de una persona infectada con los de una persona sana. Representa un riesgo laboral significativo para los profesionales sanitarios.

La mayor parte de los pacientes afectados no experimentan síntomas durante la fase de infección aguda, aunque algunos presentan un cuadro con síntomas que persisten por algunas semanas. Incluyen coloración amarillenta de la piel y los ojos, orina oscura, fatiga extrema, náusea, vómitos y dolor abdominal.


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